Desde España:
Quien no ha visto Sevilla no ha visto maravilla
Sevilla y el consumo turístico de la ciudad
La experiencia de la ciudad desde Sevilla presenta muchas vertientes. Una de ellas tiene que ver con la cultura del consumo, que lo impregna todo, envolviendo como no, a una de las muchas ciudades históricas del sur de España, cuya ocupación se remonta a la antigüedad, habiendo sido visitada por cartagineses, fenicios, romanos, árabes y cristianos del norte peninsular. Como resultado de esta confluencia de culturas, Sevilla es heredera de un conjunto de tradiciones, como de monumentos y espacios urbanos que convierten a la ciudad en espacio común de visita para propios y foráneos.
Hoy la demanda por el consumo de este patrimonio tangible e intangible, hace de Sevilla uno de los referentes obligados de las oficinas turísticas del orbe. Ejércitos de turistas de diversas nacionales se acercan a la capital hispalense para vivir la experiencia urbana desde la capital de Andalucía. El consumo masivo envuelve la ciudad y el turista se hace un espacio para circular por los rincones de la ciudad, donde el idioma, el calor o los horarios restringidos es lo de menos. Siempre habrá un coche o carroza tirado por dóciles caballos y jinetes solícitos, para darles una vuelta por la ciudad.
Aunque se vive como en cualquier ciudad malestares sociales, produciéndose marchas y plantones que siguen distintos móviles (protestas del sector agrario, portuario, estudiantes en contra de la nueva LOE, Ley de Educación o antes por el retiro de España de Irak) y que, generalmente coinciden en la Plaza Nueva, frente al Ayuntamiento o en el Palacio de San Telmo, sede del gobierno andaluz. No obstante este clima que se vive de tanto en tanto, la ciudad no pierde el orden y control en el calendario turístico anual, en el que se incluye el patrimonio intangible sevillano formado esencialmente por sus festividades (procesiones romerías), así como sus ferias. Algunas de estas festividades que se viven como grandes encuentros sociales donde converge la ciudad entera, produciendo mayor revuelo que cualquier pequeña protesta que nunca se comparará con el despliegue logístico, incluido de seguridad, para estas fiestas que paralizan la vida cotidiana, que ya es propensa a parar cuando menos se presenta una oportunidad.
La Feria de Abril, una de estas ferias anuales, trastoca absolutamente el orden cotidiano. El sistema de transporte altera sus rutas y horarios durante una semana completa. En torno al edificio de Juzgados, los sevillanos y sevillanas con sus atuendos tradicionales, algunos con guitarra y cajón en mano esperan pacientemente en coloridas filas su turno para abordar el bus que los dejará directamente en el Recinto Ferial. Un tinglado construido con estructuras desmontables y exclusivamente para esta semana de luz, color, música y baile, donde todo sevillano ha estado seguramente al menos una vez en la vida, hasta la semana siguiente, harto de fiesta y casi siempre después de algunos litros de manzanilla, rebujito y otras combinaciones etílicas, compartidos con los amigos en las interminables casetas que forman esta ciudad virtual y real. Por supuesto, el turista no puede faltar, siendo frecuente ver alguno intentar un paso de sevillana, flamenquito y ritmos propios de la región.
El centro es el espacio esencial del turismo, donde perviven los iconos arquitectónicos: la Torre del Oro, la Giralda o Catedral, la Plaza España, las murallas almohades, entre otros. Aunque el centro ha sufrido muchas intervenciones todavía se respira ese encuentro de culturas que han dado origen a la ciudad: el arenal, la alfalfa, la Puerta de la Carne, el barrio de Santa Cruz o la judería espacios tan típicos de Sevilla han sobrevivido a los siglos y hoy es imposible transitar por estos sitios sin encontrar las caravanas multiculturales paseando por sus rincones. El turismo se expresa y se vive desde diferentes medios. Además del paseo a pie, diferentes embarcaciones surcan el Canal Alfonso XII, al igual que el Sena en Paris, cuyo recorrido atraviesa la ciudad, desde el Puente del V Centenario hasta la Cartuja y el recinto de la Exposición Universal del 92. Para quienes lo prefieren hay buses tour que realizan paseos más allá del casco histórico de la ciudad o paseos en triciclo por los extensos jardines del Parque Maria Luisa.
En su entorno, la ciudad vive el pulso actual: el shoping, las autopistas, los centros comerciales que llegan a sus pueblos inmediatos, los cuales forman parte de la ciudad en un proceso de conurbación, donde la especulación inmobiliaria avanza inexorablemente por aquellos parajes de la provincia sevillana, ayer bucólicos como el Aljarafe, hoy inundados de edificios, superficies comerciales y asfalto. De a pocos este dinamismo del mercado va envolviendo también el centro donde no faltan las galerías y superficies como el Corte Ingles, franquicias, multicines y demás. Todo lo que produce un encuentro no sólo de culturas sino también de consumos, donde el turístico tiene un lugar destacado.
Pero el turismo ha significado por otro lado, un motor importante para el desarrollo urbano de Sevilla. El gran acontecimiento que tuvo hace poco más de una década: la EXPO SEVILLA 92, uno de cuyos objetivos fue mostrar la ciudad hispalense al mundo y fomentar con ello el turismo, significó un punto de inflexión para la ciudad, construyéndose nuevas infraestructuras y revitalizando la urbe. Un buen ejemplo de esto fue la edificación de la Estación de trenes de RENFE, el sistema de ferrocarriles de alta velocidad AVE, que permitió unir Sevilla y Madrid en tres horas. El complejo de la exposición del 92 es hoy un complejo empresarial y tecnológico.
Por su parte, la administración pública en la última década, ha invertido dinero considerable en proyectos de restauración, con el fin de utilizar edificios históricos como sus sedes y que ha venido a incrementar la oferta turística patrimonial: El Hospital de las Cinco Llagas, que ha devenido en sede del Parlamento de Andalucía o el Palacio de San Telmo, sede del gobierno andaluz. Redondea este panorama, la contribución de prestigiosos arquitectos españoles a la oferta turística arquitectónica, dejando su impronta en la imagen urbana sevillana: Rafael Moneo con el Edificio de la Previsión Española, Santiago Calatrava con los puentes del Alamillo y La Barqueta.
Hoy, los sevillanos están comprometidos con la salvaguardia de sus monumentos, tanto como del patrimonio urbano, en aspectos como su perfil y escala Saben que entre otras cosas, de eso depende la afluencia de los visitantes y el éxito de una ciudad turística por vocación. Existe consenso y que es tradición a la vez, y que se remonta a tiempos cuando se terminó de edificar la Catedral, que ningún edificio podía tener mayor altura que la Giralda. Hoy, es voz común el despropósito del proyecto por construir una torre próxima a La Caruja, que herirá gravemente el entorno urbano.
Así pues, turismo y patrimonio arquitectónico/urbano están unidos en el devenir de la capital de Andalucía. La experiencia de Sevilla es en buena medida una experiencia turística y que no escapa a ningún visitante, cualquiera sea su procedencia y sus objetivos en la ciudad sevillana, donde siempre habrá un coche esperando darle un paseo.
Sevilla, 30 de Diciembre del 2005
Isaac D. Sáenz
Arquitecto UPRP, Lima, realizo su Maestria en Historia en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en la actualidad su Doctorado en Historia en la Escuela Tecnica Superior de Sevilla.
Quien no ha visto Sevilla no ha visto maravilla
Sevilla y el consumo turístico de la ciudad
La experiencia de la ciudad desde Sevilla presenta muchas vertientes. Una de ellas tiene que ver con la cultura del consumo, que lo impregna todo, envolviendo como no, a una de las muchas ciudades históricas del sur de España, cuya ocupación se remonta a la antigüedad, habiendo sido visitada por cartagineses, fenicios, romanos, árabes y cristianos del norte peninsular. Como resultado de esta confluencia de culturas, Sevilla es heredera de un conjunto de tradiciones, como de monumentos y espacios urbanos que convierten a la ciudad en espacio común de visita para propios y foráneos.Hoy la demanda por el consumo de este patrimonio tangible e intangible, hace de Sevilla uno de los referentes obligados de las oficinas turísticas del orbe. Ejércitos de turistas de diversas nacionales se acercan a la capital hispalense para vivir la experiencia urbana desde la capital de Andalucía. El consumo masivo envuelve la ciudad y el turista se hace un espacio para circular por los rincones de la ciudad, donde el idioma, el calor o los horarios restringidos es lo de menos. Siempre habrá un coche o carroza tirado por dóciles caballos y jinetes solícitos, para darles una vuelta por la ciudad.
Aunque se vive como en cualquier ciudad malestares sociales, produciéndose marchas y plantones que siguen distintos móviles (protestas del sector agrario, portuario, estudiantes en contra de la nueva LOE, Ley de Educación o antes por el retiro de España de Irak) y que, generalmente coinciden en la Plaza Nueva, frente al Ayuntamiento o en el Palacio de San Telmo, sede del gobierno andaluz. No obstante este clima que se vive de tanto en tanto, la ciudad no pierde el orden y control en el calendario turístico anual, en el que se incluye el patrimonio intangible sevillano formado esencialmente por sus festividades (procesiones romerías), así como sus ferias. Algunas de estas festividades que se viven como grandes encuentros sociales donde converge la ciudad entera, produciendo mayor revuelo que cualquier pequeña protesta que nunca se comparará con el despliegue logístico, incluido de seguridad, para estas fiestas que paralizan la vida cotidiana, que ya es propensa a parar cuando menos se presenta una oportunidad.
La Feria de Abril, una de estas ferias anuales, trastoca absolutamente el orden cotidiano. El sistema de transporte altera sus rutas y horarios durante una semana completa. En torno al edificio de Juzgados, los sevillanos y sevillanas con sus atuendos tradicionales, algunos con guitarra y cajón en mano esperan pacientemente en coloridas filas su turno para abordar el bus que los dejará directamente en el Recinto Ferial. Un tinglado construido con estructuras desmontables y exclusivamente para esta semana de luz, color, música y baile, donde todo sevillano ha estado seguramente al menos una vez en la vida, hasta la semana siguiente, harto de fiesta y casi siempre después de algunos litros de manzanilla, rebujito y otras combinaciones etílicas, compartidos con los amigos en las interminables casetas que forman esta ciudad virtual y real. Por supuesto, el turista no puede faltar, siendo frecuente ver alguno intentar un paso de sevillana, flamenquito y ritmos propios de la región.
El centro es el espacio esencial del turismo, donde perviven los iconos arquitectónicos: la Torre del Oro, la Giralda o Catedral, la Plaza España, las murallas almohades, entre otros. Aunque el centro ha sufrido muchas intervenciones todavía se respira ese encuentro de culturas que han dado origen a la ciudad: el arenal, la alfalfa, la Puerta de la Carne, el barrio de Santa Cruz o la judería espacios tan típicos de Sevilla han sobrevivido a los siglos y hoy es imposible transitar por estos sitios sin encontrar las caravanas multiculturales paseando por sus rincones. El turismo se expresa y se vive desde diferentes medios. Además del paseo a pie, diferentes embarcaciones surcan el Canal Alfonso XII, al igual que el Sena en Paris, cuyo recorrido atraviesa la ciudad, desde el Puente del V Centenario hasta la Cartuja y el recinto de la Exposición Universal del 92. Para quienes lo prefieren hay buses tour que realizan paseos más allá del casco histórico de la ciudad o paseos en triciclo por los extensos jardines del Parque Maria Luisa.
En su entorno, la ciudad vive el pulso actual: el shoping, las autopistas, los centros comerciales que llegan a sus pueblos inmediatos, los cuales forman parte de la ciudad en un proceso de conurbación, donde la especulación inmobiliaria avanza inexorablemente por aquellos parajes de la provincia sevillana, ayer bucólicos como el Aljarafe, hoy inundados de edificios, superficies comerciales y asfalto. De a pocos este dinamismo del mercado va envolviendo también el centro donde no faltan las galerías y superficies como el Corte Ingles, franquicias, multicines y demás. Todo lo que produce un encuentro no sólo de culturas sino también de consumos, donde el turístico tiene un lugar destacado.
Pero el turismo ha significado por otro lado, un motor importante para el desarrollo urbano de Sevilla. El gran acontecimiento que tuvo hace poco más de una década: la EXPO SEVILLA 92, uno de cuyos objetivos fue mostrar la ciudad hispalense al mundo y fomentar con ello el turismo, significó un punto de inflexión para la ciudad, construyéndose nuevas infraestructuras y revitalizando la urbe. Un buen ejemplo de esto fue la edificación de la Estación de trenes de RENFE, el sistema de ferrocarriles de alta velocidad AVE, que permitió unir Sevilla y Madrid en tres horas. El complejo de la exposición del 92 es hoy un complejo empresarial y tecnológico.
Por su parte, la administración pública en la última década, ha invertido dinero considerable en proyectos de restauración, con el fin de utilizar edificios históricos como sus sedes y que ha venido a incrementar la oferta turística patrimonial: El Hospital de las Cinco Llagas, que ha devenido en sede del Parlamento de Andalucía o el Palacio de San Telmo, sede del gobierno andaluz. Redondea este panorama, la contribución de prestigiosos arquitectos españoles a la oferta turística arquitectónica, dejando su impronta en la imagen urbana sevillana: Rafael Moneo con el Edificio de la Previsión Española, Santiago Calatrava con los puentes del Alamillo y La Barqueta.
Hoy, los sevillanos están comprometidos con la salvaguardia de sus monumentos, tanto como del patrimonio urbano, en aspectos como su perfil y escala Saben que entre otras cosas, de eso depende la afluencia de los visitantes y el éxito de una ciudad turística por vocación. Existe consenso y que es tradición a la vez, y que se remonta a tiempos cuando se terminó de edificar la Catedral, que ningún edificio podía tener mayor altura que la Giralda. Hoy, es voz común el despropósito del proyecto por construir una torre próxima a La Caruja, que herirá gravemente el entorno urbano.
Así pues, turismo y patrimonio arquitectónico/urbano están unidos en el devenir de la capital de Andalucía. La experiencia de Sevilla es en buena medida una experiencia turística y que no escapa a ningún visitante, cualquiera sea su procedencia y sus objetivos en la ciudad sevillana, donde siempre habrá un coche esperando darle un paseo.
Sevilla, 30 de Diciembre del 2005
Isaac D. Sáenz
Arquitecto UPRP, Lima, realizo su Maestria en Historia en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en la actualidad su Doctorado en Historia en la Escuela Tecnica Superior de Sevilla.

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